Siempre quejándose de que llega tarde, pero, al final,
siempre llega a su cita con la Reina de Corazones.
Quizá yo también debí pedir un reloj para mi no cumpleaños… A veces siento que llego demasiado tarde a cosas demasiado importantes. Cosas que desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, pero que siempre dejan algo de si mismas, como el gato de Cheshire, que desaparece todo su cuerpo excepto su sonrisa.
En mi caso, no quiere decir que el resto reaparezca. A veces, es mejor así.
Ultimamente me siento como si no dejara de caer por la madriguera. Como si llevara diez años cayendo, a la espera de encontrar el suelo firme, por el cual, todos los que conozco caminan tranquilamente.
Seguiré persiguiendo al Conejo Blanco. Espero que TweeddleDee y TweeddleDum me cuenten una historia para dejar de pensar. Quizá, esta vez, gane a la Reina de Corazones cuando me toque jugar con ella al criquet.
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Gracias por pasarte! :D