jueves, 30 de julio de 2009

Quería destrozar algo hermoso…

En algún momento todo se acaba. Siempre ha sido así. De esta forma, en algún momento que no recuerdo se acabaron mis lágrimas.

Mis ojos se secaron sin más.

Cuando se llora tanto como para crear un Mar de Lágrimas cualquier persona termina agotada. Así acabé yo: rendida por el cansancio. A ello se sumó que nunca me gustó nadar, por eso me dejé llevar por el agua salada de mi propio llanto suponiendo que sería mi fin.

No sé de qué manera pudo llegar mi cuerpo a una orilla donde Dodo organizaba una Carrera del Caucus. Después de llorar todo es mejor, pero esto no quiere decir que las cosas se hayan solucionado.

Desganada por completo participé en la Carrera. Según Dodo así me secaría. Todos corríamos sin rumbo fijo, todos hacíamos trampas… En eso consiste la Carrera del Caucus.

De la desesperación con el llanto se pasa a un estado tranquilo, como el de shock, en el que todo lo que pasa por la cabeza son retales de una historia que no se puede formar. No se es capaz de asumir lo que pasa y es como creer estar en un mal sueño del que no se puede despertar con la pequeña esperanza de hacerlo pronto.

Cunado Dodo anunció la victoria, (como siempre, ganamos todos) mi tranquilidad se desvaneció dando paso a la rabia, Aún sabiendo que no pertenecía a este mundo, “quería destrozar algo hermoso”…

Llegué a casa de la Condesa. El olor a pimienta para el bebé al que le gusta estormudar, casi podía masticarse en el ambiente. La Condesa canturreaba mientras la cocinera lanzaba la vajilla gritando “¡¡Pimienta!!”

Quise gritar. Me agarré el cabello con fuerza como queriendo arrancarlo de mi cabeza. Y grité. Grité como nunca antes lo había hecho.

Grité con todas mis fuerzas llenándome de rabia que sobresalía por cada poro de mi piel.

Grité como si nunca se fuera a acabar el aire en mis pulmones y rompí todo lo que había cerca de mí. Sillas, platos, tazas… Lo lancé todo por los aires.


“Quería destrozar algo hermoso…”

Y, después, simplemente paré.

Quizá estaba confundida respecto al Gato de Cheshire. Quizá no es como yo creía. Me siento ridícula ante esta situación. Me avergüenzo de mi misma.

Quizá soy yo la que está por encima de él y no al revés.


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